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04 septiembre 2012

La vuelta al cole, ¿y ahora qué?


Empecemos por el Principio…

Ocurre en estas semanas, regidas por el signo de Tierra de Virgo y en una parte del globo terráqueo, que lo mismo que se estarán recogiendo cosechas, disfrutaremos en delante de unas ricas uvas, por ejemplo, también van a comenzar a impartir clases en los colegios, institutos, universidades. Fin de vacaciones para algunos, el retomar la rutina, iniciar un nuevo ciclo. En todo caso es un momento especial donde se debe organizar, planificar, ordenar, cuidar el detalle, asumir responsabilidades. Es momento de actuar con una mente práctica en la vida cotidiana. Para algunos la expectativa de vivir cada día un amanecer que se va posponiendo y un atardecer que se adelanta paulatinamente, suponiendo entonces disfrutar de menos horas de luz, un sol que va cayendo y tendrá cada vez menos intensidad en su poder para darnos calor, puede ocasionar ciertos pensamientos, sentimientos y emociones tristes y de melancolía. La Tierra se empieza a recoger, se va preparando para entrar en un estado de interiorización, de silencio, de descanso.

Pero todo es relativo, todo depende de cómo decidamos nosotros, por un acto de nuestra voluntad e imaginación, que son herramientas de nuestra personalidad que podemos utilizar libremente, el ir enfocando y actuando ante todos estos cambios y opciones que se nos presentan. Nueva agenda "escolar" para programar unos meses teñidos de fantasía, de alegría, de juegos, de conciencia, de solidaridad y amor. A pesar de los retos, a pesar de la acción que hemos de emprender ahora dejando atrás las vacaciones y el cálido verano. Depende de nosotros. Depende de cómo vayamos manejando la energía de Virgo, que es quien gobierna, a veces con excesiva crítica y rigidez, exigencias hasta en los más mínimos detalles. Hemos de completar con la energía complementaria, Piscis, que nos induce precisamente a la ensoñación y a dejar volar la imaginación. Y hemos de utilizar la energía de Leo, del signo precedente, para autoafirmarnos y atrevernos más cuando nos apagamos.
Sin lugar a dudas, Virgo nos invita al servicio, dejamos al festivo Leo, que si se vuelve ávido de placeres se convierte en un egocéntrico ansioso,   pero mantengamos la alegría del corazón, Virgo nos invita compartir con los demás el día a día, la rutina. Un paso más para encontrar mayor sentido,  o simplemente darle por fin sentido a nuestra existencia.


Es momento para encontrar estímulo precisamente en las cualidades del corazón, que no caducan, y que fluyen al ritmo de cada una de las diferentes estaciones del año en cada hemisferio, según se van sucediendo paulatinamente: generosidad, benevolencia, comprensión, apertura, empatía, gozo, humor.


Si volvemos al trabajo porque realizamos tareas que nos interesan, motivan y gustan, que son afines a nuestra vocación; si emprendemos los estudios para prepararnos y conseguir poco a poco adquirir conocimientos que me gustan y con los que puedo contribuir a construir un mundo mejor para todos, entonces no hay lugar para la depresión “post”. Si hay motivación vivo con entusiasmo cada etapa del año, cada día.

Todo en equilibrio es perfecto, es agradable, tiene sentido. Caminamos hacia Libra.


Precisamente Virgo, la energía de este signo, me ayuda a organizar mejor mi vida cotidiana con sus nuevas sugerencias, tanto para lo nuevo como para renovar lo que ya tengo. Y Piscis aportará el sentido transcendente a todas estas labores prácticas en las que además cuenta la economía. Con Piscis me sumerjo en los momentos de descanso en los reinos de la magia y del amor. Después de tanto trabajo, ¿por qué renunciar a algo que es tan asequible? La música, la danza, el cine, el teatro, la pintura, allí donde y en lo puedo emplear mi creatividad, es lo que me da nuevas fuerzas y me alimenta y renueva interiormente, y de ahí parten las fuerzas físicas. Y mucho más las psico emocionales.  ¡Adelante con ánimo!

03 septiembre 2012

Shakespeare y las estrellas, maestros en mi camino


Sin duda alguna Hamlet es un personaje que el dramaturgo y poeta inglés William Shakespeare ha inmortalizado allá por 1601, seguramente sin habérselo propuesto, pero siglos más tarde sigue presente esta obra en nuestros días y culturas. Si retrocedemos a aquella época hemos de tener en cuenta que no había cine ni televisión y que la mayoría de la población era analfabeta, así que no sabían leer ni escribir, por lo que las representaciones de teatro debían ser los espectáculos más esperados y degustados para entretenimiento y deleite de las masas.

El argumento de aquella obra parece no tener mucho que decirnos en nuestra época actual, tan moderna y sofisticada, época en la que prima la tecnología y somos y estamos tan dependientes de las máquinas, de la informática y de los avances científicos. Sin embargo, Hamlet denuncia en nuestros tiempos tantos problemas como pudieron vivir las gentes de la época del siglo XVII, con otros decorados, sin duda, pero seguimos intentando resolver aún controversias y circunstancias que al igual que dijo Hamlet en la obra “Algo está podrido en Dinamarca” nosotros seguimos pudiendo utilizar esta frase sustituyéndola por otros nombres y lugares. Así pues seguimos limpiando capas y capas en nuestra conciencia, como seres humanos, para llegar a conseguir vivir según altos ideales, y cada vez somos más personas los que aspiramos manifestarlo en nuestra vida cotidiana.

Sea en representación de teatro o en cine, ya volviendo a nuestra época actual, y en concreto voy a referirme ahora al mundo del cine, sin lugar a dudas resulta sumamente agradable asistir a la representación de Hamlet bajo la dirección de Laurence Olivier, producción  inglesa de 1948, y cuyo papel principal interpreta también el mismo,  junto con actores tales como una jovencísima pero sobresaliente Jean Simmons, Basil Sydney y otros muchos más. La fotografía, ese juego imaginativo y creativo con las sombras y luces, en esta película en blanco y negro corrió a cargo de Desmond Dickinson, y la música la compuso William Walton. Uno debe encontrar ese momento especial para sentarse y entrar en el mundo de Hamlet dejándose transportar por la magnífica interpretación de estos actores. Y merece la pena, escuchar, sentir, palpitar entrando en el pulso particular de la interpretación conseguida por este magnífico equipo.

Este mes de septiembre se pone directo el planeta Plutón, y Marte mientras tanto estará transitando por Escorpio, pero sigue retrógrado Neptuno en su signo, en Piscis, y vamos a reflexionar en la energía de estos planetas como arquetipos y de qué manera pueden influir en la psique, en el pensamiento y emociones, y a través de estas vías o canales en el destino de una persona. Sírvanos Hamlet, un personaje de ficción, para ilustrarlo, tal vez precisamente por ser tan radical y determinante. Y porque Plutón, que rige a Escorpio, transita por Capricornio, un signo que está vinculado a las figuras de poder y autoridad, y porque el eléctrico e impaciente Urano desea cambios radicales y recorre en estos momentos el signo de fuego de Aries, a veces tan agresivo y primitivo. Descubramos su significado y veremos de qué manera tan activa están en nuestras vidas sus energías.

Nos decía Hamlet al empezar la obra:
“¡Oh, si esta demasiado sólida masa de carne pudiera ablandarse y liquidarse disuelta en lluvia de lágrimas, o el Todopoderoso no asestara el cañón contra el homicida de sí mismo! ¡Oh, dios! ¡Oh Dios mío! ¡Cuán fatigado ya de todo juzgo molestos, insípidos y vanos los placeres del mundo! (…..). Pero hazte pedazos, corazón mío, que mi lengua debe reprimirse.”

Nos encontramos en Hamlet de lleno con Neptuno a través de estas frases en las que el personaje expresa su deseo de desintegración y disolución, increpando al cielo, se alza orando, rezando. Es una frase en la que el personaje nos expresa su dolor y desazón, enfado y crítica ante los hechos ocurridos, la pérdida de su padre y la actitud de su madre al desposarse con su cuñado al poco tiempo del fallecimiento del marido.

Neptuno siempre se nos muestra como una energía que nos induce a la creatividad, a la espiritualidad, a la bondad y a la compasión, al amor incondicional. Y ello es así cuando la personalidad ha evolucionado y transmutado, trascendido, emociones y sentimientos profundos, cuando se consigue sobreponerse a las dudas y confusiones, cuando se consigue salir de la densa niebla en la que también nos envuelve Neptuno, en esas ocasiones ante críticas circunstancias.

Nos encontramos en Hamlet enfado, ira y violencia, puesto que el personaje se identifica con la víctima a quien se la está agraviando, y además se pone en contacto con el bajo astral -expresión un tanto fea que nos viene a expresar ese lugar del mundo sutil donde vagan las almas “en pena” con pensamientos aún mortales, apegados a la materia, a las emociones fuertes y asolados por el castigo al que sus propios pecados han conducido. El espectro del padre, su espíritu sufriente, pide por tanto a su hijo que tanto le ama “venganza”, induciéndole así a hundirse un poco más en un estado lamentable de desolación, alimentando su rabia y odio.
Se empiezan a mezclar elementos neptunianos y plutonianos, sin que falte el agresivo Marte (iremos viendo sucesivas muertes por envenenamiento, por ahogamiento, y al corte de la espada). Se ha de vengar la vil muerte del padre, pero no de manera directa y rápida, se ha de procurar torturar al reo, para que el dolor también en ellos se prolongue, sin dar tiempo al redentor arrepentimiento.

Como vemos igual que Neptuno puede ser un salvador, un rescatador, y que Plutón puede transmutar y conducirnos a un renacimientos y renovación, en sus aspectos menos evolucionados influyen en que sigamos atrapados en pautas negativas, destructivas e involutivas. Mirar un arquetipo, participar en la acción de un personaje nos puede ayudar por tanto a mirar dentro, son espejos que van a reflejar una realidad nuestra que, a menudo, queremos ignorar.

Plutón aporta intensidad, pasión, también obsesión y tormento. Hamlet tiene esta energía de Plutón que induce a castigar, el otro ha de comprender el mal que ha hecho, el dolor que ha causado, por lo tanto hay que elaborar un plan, seguir un proyecto. Y de Neptuno, este último además le convierte en un mártir, son los otros los que causan aflicción a Hamlet, pero este personaje se recrea con el sufrimiento, Neptuno nos lleva a pautas masoquistas tanto como Plutón puede inducir al sadismo, en todo caso hay ausencia de amor y por tanto resulta muy destructiva la ruta a seguir.

Hamlet consuela a su padre “descansa, descansa, agitado espíritu”, cuyo espectro le acaba de pedir venganza “(…) prometerás venganza”. El airado redentor maquina un plan, temeroso plan porque como dice Hamlet “¿Qué temores debo tener? Yo no estimo la vida en nada”, sus amigos intentaron apartarle de la “sombra”, pero Hamlet no tiene miedo, el cual a veces nos hace prudentes, y él les dice “y a mi alma, ¿qué puede él hacerle, siendo como él mismo cosa inmortal…?”. Si el cuerpo no importa y uno tiene conciencia de su esencia, si perdemos en contacto con nuestro corazón y sólo vivimos en la cabeza, en el mundo de las ideas, el camino a la temeridad puede estar abierto, y Hamlet decide utilizar un medio uraniano, fingir la locura, “afectar un proceder del todo extravagante”, una locura en la que resalta el ingenio, por cierto, y será de tortura con aquellos a quien desea impactar y castigar. En su propósito terminará hiriendo a seres más frágiles, como a la dulce Ofelia a quien Neptuno le arrebata realmente la cordura y finalmente la conduce a aguas profundas en busca de perdida corona de flores. Así pues como todos los extremos, como todo lo que ya no está en el equilibrio, como dice Hamlet “… la naturaleza está en desorden…”, las consecuencias serán tremendas, lo sabemos por la obra, aunque os invito a disfrutar viendo la película, porque como dice el personaje “… ¡iniquidad execrable! ¡Oh! ¡Nunca hubiera yo nacido para castigarla”…

Gertrudis, la madre de Hamlet, de quien el personaje opina y nos dice“¡Fragilidad, tu tienes nombre de mujer!”, termina redimiéndose, otra vez Neptuno aparece en la obra, al menos ofrece su vida en ello intentando salvar la de su hijo, ¡gran coraje, fortaleza y valor es necesario para ello! O su propio acto de amor incondicional le devuelve estas cualidades no cultivadas en su conciencia.



Sin duda alguna, y a pesar de las divagaciones, dudas y confusiones de Hamlet, o precisamente a causa de ellas, William Shakespeare nos induce a la mesura y al equilibrio con su obra. Como en las tragedias griegas, ocurre que después de ver esta obra se libera la rabia, el odio, la ira, se produce el desahogo, es el efecto sanador de la catarsis, pudiendo así discernirse y elegir lo que en realidad en el día debe hacerse, con sensatez y con calma.



Y comparto estas otras reflexiones como complemento, “Necesitamos a Hamlet”, ¡descubrid por qué!.