miércoles, 24 de julio de 2013

EL DESAPEGO

Trabajando y transmutando con la energía de Urano

Aquello que amamos, aquello que nos gusta, aquello que nos llena… y de lo que “creemos” y pensamos no poder prescindir, lo que creemos esencial poseer, lo que consideramos que es esencial disfrutar… pero… que, a la larga, día a día, se convierte en una carga, se convierte en una prisión para poder seguir avanzando, ensanchando el horizonte, ampliando conciencia, abrir el corazón, expandirse. Este o estos aquellos son los que hemos de poner bajo la luz y ser sinceros con nosotros mismos al respecto. Porque más allá de las apariencias, podemos acoger en nuestro ser e integrar y disfrutar de otros parajes, otros personajes, otros amigos y alegrarnos con y aprender con otras experiencias insospechadas, justo hasta que nos ponemos en camino rumbo a lo desconocido, aunque tal vez soñado y anhelado.

Hay almas que nacen con una misión y un trayecto más o menos tranquilo, y existen almas cuyos destinos son más dinámicos y han de experimentar cambios, no sólo aquellos que se buscan por ansiedad, por miedos, por deseo de huida, por supuesto, producto de la personalidad. Son los cambios meditados y reflexionados que uno sabe que le llevan a dar determinados pasos, a hacer elecciones concretas y salir de la rutina, de lo conocido, de lo familiar. Llega el momento de reunir coraje, energía y voluntad para hacer el “hatillo” y emprender el peregrinaje. La verdad, hay una fuerza superior que sostiene y nutre en estos momentos de cambios drásticos, cambios grandes. Y en estos momentos rebrotan los amigos del alma, los que están en una vibración afín, sean o no de la familia, con su corazón abierto, compartiendo, apoyando, alentando, estando ahí cien por cien, porque quieren, porque así lo escogen, dispuestos a acoger de verdad no sólo por formulismo. Y la personalidad aprende a no aferrarse, a no exigir verbal o calladamente afecto y apoyo. Lo que ha de ser es. Los vínculos del alma se establecen sin pasiones perturbadoras, de manera natural y espontánea.



Uno escucha la voz durante el tiempo, un tiempo psico emocional de adaptación para el cambio concedido a la personalidad, se nos muestra “la Tierra prometida” como un imán irresistible: Dios le dijo a Abraham: “Sal de tu tierra… a la tierra que te mostraré” (Génesis 12:1).

Desde la esclavitud hacia la Tierra prometida. Esta es la llamada interior que hemos de escuchar ¿cuáles de nuestras elecciones nos están llevando a vivir condicionados en situaciones y lugares que realmente sabemos que hemos de dejar? Las oportunidades para el cambio, cuando es conveniente, surgen y se manifiestan, nada es forzado, las sincronías nos van conduciendo allí donde hemos de estar.

Cuando creemos haber llegado a un punto concreto que responde a un cierto ideal de nuestra evolución del momento lo llamamos “tierra prometida”, hemos “aterrizado” y, sin embargo, nos instalamos en ella y algo no encaja del todo. La personalidad se aferra a su sueño,  a sus visiones, buscamos de nuevo una sensación de seguridad en función de lo externo. Con el tiempo uno reconoce las señales, el mensaje es el mismo: que hemos de vivir plenamente la vida en el nuevo lugar, pero sin aferrarnos, en libertad. El alma sabe que hay otros espacios que deberá visitar, otros lugares que descubrir, otras almas que encontrar, otras misiones que cumplir. Y la personalidad va comprendiendo, va aceptando, va aprendiendo a ser flexible, va integrándose y encontrándose más de cerca en la vida cotidiana con sus gentes, los nuevos amigos, pero sin aferrarse. De nuevo la libertad interior, el proceso de cambio demanda precisamente esta actitud de mentalidad abierta y corazón comprometido, saber enraizarse e integrarse pero sin cristalizar rígidamente nuestras raíces llevados por los miedos o angustias existenciales de la personalidad.


Una vez más, lo básico y esencial, vivir el momento, vivir la vida, cada momento de la vida en plenitud, con intensidad, tan sólo cada momento, tan sólo cada día, sin agobios, en la paz, conectados a la Fuente, escuchándose, permitiéndonos manifestar nuestra esencia, construyendo juntos la Nueva Tierra.

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