martes, 31 de julio de 2012

Cuando un hada llega a mi vida me invita a ser también un “ser mágico”


Algunos de los que hemos visto la película Amélie hemos quedado encantados. Sabemos que hay en el  mundo, a nuestro alrededor, personas que encarnan a ese personaje que se dedica en la vida cotidiana a introducir magia, a facilitar los deseos y los sueños de las personas que le rodean, con quienes convive o, de alguna manera algunos con quienes tiene relación en la vida de todos los días. Hay personas a quienes les parece imposible que eso ocurra en la realidad, opinan que todo eso es una fantasía, que la realidad es dura, que todo es prosaico, árido, feo. Pero lo cierto es que sí existen personajes que a modo de hada madrina aportan con su amor, presencia y dedicación a nuestras vidas los regalos más maravillosos en el momento más adecuado.

Estos días una buena amiga mía me contó una experiencia, llamémosla  experiencia Amélie, en realidad es una experiencia de amor y de amistad incondicional, que quiero compartir. Y os animo a compartir las vuestras, creo que podemos crear con historias reales una energía que nos conecte con la Belleza y el Amor que hay en el mundo, en nuestro interior, y que se derrama a través de tantos corazones generosos e idealistas.

Para quienes no conviven con mascotas y no se ocupan y se relacionan con un animalito, o animalitos, en particular, tal vez esta anécdota les diga poco. Porque este es el tema.

Resumo lo que escuché de labios de mi amiga:

“Un día conocí a una mujer que tenía periquitos en su casa, una linda parejita de periquitos. Uno de ellos (nota: las razones no voy a contarlas en este momento) un día me fue entregado para seguir cuidándolo con dedicación y cariño, se llamaba Amélie-Amelina. Lo que yo no sabía es que su dueña encarnaba a este personaje que se ha convertido en popularmente cinematográfico.

Yo convivo con canarios y periquitos, así que otro periquito más aumentaba la familia añadiendo un nuevo toque de color, una cotorrita más alegra siempre la casa. Pero el otro día ocurrió un percance, a un canarito de los recién llegados este año, en junio para ser exactos, y que tiene tan sólo  un mes y medio resultó herido en una patita, en los dedos delanteros. Son accidentes. Pues mi amiga, la llamo Amélie como a la periquita que me regaló, corrió y le faltó tiempo para ir a pedirme cita en la clínica veterinaria, yo estaba bastante conmocionada, emocionalmente desbordada por una mezcla de culpa y de dolor al ver la herida de mi pajarito empeorar. Por tres veces nos ha llevado a la clínica en su coche, se quiso ocupar de los gastos que ha ocasionado ingresar al canario para que recibiera los cuidados pertinentes, con todo su cariño y desinteresadamente.

Pero además, esta buena mujer (nota: la auténtica y real Amélie de nuestra historia) está ocupándose de muchas otras pequeñas obras maravillosas, pequeñas obras, pequeños detalles de la vida de todos los días. Por ejemplo, adoptó a un perro que se encontró abandonado el año pasado durante sus vacaciones de verano. Saca a pasear y se ocupa del perro de una compañera de parque (nota: cuando se saca al perro se hacen amistades también con otras personas y perros/as) pues la dueña está siendo atendida por problemas de salud. Y no creáis que sólo piense en ayudar a los animalitos. También participa en una ONG que recauda fondos para enviar ayuda a un centro de acogida de niños con SIDA. Me consta que ha acompañado a varias personas en sus estancias en el hospital por problemas graves de salud. Y, seguramente más cosas, que sé y otras que desconozco aún, y que por modestia y humildad vive sin pregonar.”

Pues esto es lo que me contó mi buena amiga entre algún sollozo emocionado debido a la intensidad de su experiencia.

Como veis, es una interesante historia de solidaridad a tener muy en cuenta por los que vivimos en estas grandes ciudades en las que parece que “cada uno va a lo suyo”. Pero no, depende de cada uno de nosotros convertir, colaborando en la medida que podamos, cada día nuestro aquí y ahora en un lugar maravilloso, el entorno donde habitamos podemos siempre mejorarlo con nuestra participación. Y, como esta amiga tengo otras que me cuentan otras historias también de ayuda, podría relataros varias, todas ellas reales, todas ellas vividas en la sencillez. Para que no se pregone y se repita tan sólo lo negativo. Hay muchos pequeños actos de amor protagonizados a lo largo de los días del año por personas anónimas que convierten la vida y la existencia en un lugar donde dar gracias. Ellos son nuestro ejemplo y nuestra motivación. Podemos elegir, vivir aislados o abrirnos al entorno y convertirnos también en personas que aportan un toque mágico que siempre nos lleva a saborear la existencia como realmente “humana” porque de esto se trata, de permitir manifestarse en nuestra persona, a nuestra personalidad, nuestra esencia de Ser Humano. ¡No lo olvidemos! Todos podemos aportar magia, y de verdad, que esta magia perdura en la eternidad, ¿no sabéis que hay un lugar etéreo donde en un inmenso libro se escriben con letras de oro bañadas en arco iris refulgente todos los actos de amor de cada ser humano? Y los ángeles y los seres elementales tienen acceso a él para inspirarse y recrearse antes de venir a nuestro planeta a apoyarnos y cuidarnos.

Cada uno de nosotros podemos ser, permitiendo a nuestro corazón expandirse, un ser especialmente mágico. Como decía la canción “lo que el mundo necesita es amor”, y como dijo alguien posteriormente “amor en acción”.


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