martes, 21 de febrero de 2012

La entrada del Sol en Piscis, sanación a nuestro Sol, equilibrando nuestro Yo

El Sol ya ha entrado en Piscis, y es un momento adecuado para que consideremos algunas pautas que van a ayudarnos a sanar a nuestro Sol. De sanar y salvar trata la energía de Piscis, y qué mejor que enfocarnos precisamente en el Sol, el centro de nuestra carta astral, nuestra conciencia, nuestra mentalidad, todo lo vinculado con nuestra salud vital.
Sanar a nuestro Sol herido conseguirá que aumente nuestra autonomía, nuestro poder personal, que podamos desplegar mayor creatividad, ser más expresivos, ejercer con mayor intención y consciencia nuestra voluntad, trabajar para que nuestra fuerza vital sea mayor, dedicándonos tiempo y siendo responsables de lo que comemos, de lo que hacemos en nuestra vida diaria respecto a hábitos. Sanar a nuestro Sol y activarlo aumenta nuestro coraje, nuestra fortaleza, genera mayor fe interior, porque definir mi individualidad me lleva a un sentimiento de mayor independencia.
La fase de Luna nueva que tenemos actualmente y hasta el primer cuarto creciente favorece emprender iniciativas y comenzar proyectos. Así pues, dedicar un tiempo para encontrarnos más centrados, más a gusto con nosotros mismos, dará en estos momentos resultados muy favorables.

La energía de Piscis nos invita a transmutar nuestra voluntad individual en voluntad divina y, precisamente, la voluntad divina es que nosotros nos sintamos a gusto con nosotros mismos y donde estamos, aquí y ahora, aceptando quiénes somos y cómo somos, teniendo en cuenta que estamos en constante evolución y adaptación a situaciones nuevas y cambiantes, debido a nuestro entorno más inmediato y debido al momento social que vivimos.

Teniendo en cuenta que tal vez algunos de nosotros no fuimos deseados ni queridos por uno o por ambos padres, que algunos de nosotros no tuvimos, por tanto, toda la atención de los padres, no fuimos cogidos en brazos las veces que lo necesitamos, no fuimos acunados ni mimados suficientemente, vamos a trabajarnos ahora, hoy, en el presente, un sentimiento interno de bienestar, de estar bien en nuestro cuerpo. Visualicemos que somos como un árbol, con las raíces en la madre tierra que nos nutre y cubre nuestras necesidades básicas físicas, y con las ramas hacia el cielo que alimenta nuestro espíritu. Entre el cielo y la tierra Yo Soy, yo estoy bien en el mundo que tengo, en el mundo en el que puedo participar activamente. Decidí venir a este mundo, a este planeta, a una familia concreta por propia voluntad, para cumplir un destino particular. Me acepto y encuentro en mi interior seguridad interna. “Soy hijo de la Estrellas, del Cosmos, soy hijo del Universo, de la Vida que todo engendra, todo renueva, todo mantiene, todo  potencia. Por mis venas corren ríos de vida eterna que me conectan al infinito, a la fuerza de planetas, al magnetismo terrestre, al magnetismo solar. Soy conciencia pura, soy Amor, Soy”.

¿Qué quiero, qué necesito? He de trabajarme, escuchar lo que me pide mi ser interior, mi cuerpo, en cada momento, en el día a día. Escucho y elijo por mí mismo, si mis padres no me lo permitieron poco a poco ahora yo voy desarrollando la capacidad de decisión para lo cual me siento, me escucho. ¿Qué necesidades emocionales y sentimentales son prioritarias en mi vida? ¿Qué filosofía de vida es la más adecuada para mi sensibilidad?

Actúo, a veces me equivocaré, a veces tendré éxito, pero actúo por mi mismo y así desarrollo con el tiempo mayores capacidades y talentos en base a mis experiencias y decisiones propias. Siempre lo intento, siempre actúo, no me dejo desanimar por críticas que pretenden restarme valor o hacerme sentir incapaz. Yo sé que puedo y lo intento, y siempre, siempre aprendo algo nuevo, haga mucho o poco en cada ocasión, pueda o no llegar a conseguir todos o parte de mis objetivos. Aprendo a utilizar mi fuerza, a repartirla para llegar hasta el fin, aprendo en definitiva cuánto puedo abarcar en cada ocasión con mesura.

Y lo que es muy importante: voy al encuentro con los demás, salgo a su encuentro, no sólo me dejo encontrar. Trabajo mis capacidades para las relaciones sociales.  Me dejo  encontrar por la mirada de mis semejantes, pues ésta es la primera toma de contacto: a través de la mirada. Observo, miro, escojo, me uno a través de la mirada con aquellos que creo pueden ser mis compañeros de destino.

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