martes, 19 de febrero de 2013

Los cambios y el coraje de crear con Fe un Nuevo Mundo

Nicolás Copérnico


Este astrónomo nacido en 1473 se dedicó a mostrar a su generación una nueva perspectiva acerca de la visión del mundo. Copérnico publicó en 1543 De Revolutionibus Orbium Coelestium y es en esta obra donde indica que el Sol ocupa el centro del mundo, girando alrededor de él Mercurio, Venus, la Tierra, Marte, Júpiter y Saturno.

¿Nos atrevemos nosotros a “desafiar” la visión generalizada acerca de ciertos propósitos, teorías y leyes establecidas y que, sin embargo, encontramos incongruentes con otra nueva realidad que hemos empezado a vislumbrar?

Tenemos y, en todo caso, podemos desarrollar el coraje necesario para investigar, dedicando tiempo, paciencia y constancia a estas nuevas leyes, orden innovador que hay más allá de nuestras costumbres y hábitos y a la visión de una nueva realidad.

Los científicos están estudiando esas partes de las Galaxias que no se pueden ver aún, pero en las que se percibe que hay materia, “materia negra”.
En nuestra realidad de todos los días hay una “realidad” que no conseguimos percibir, y nuestros instrumentos de percepción en este caso no son sólo los ojos, hemos de despertar, desarrollar y ampliar otra “visión” interna que conecta precisamente con esa “energía” que circunda la materia - forma que percibimos con nuestros sentidos físicos.

Muchos idealistas enamorados de la Belleza, de la Armonía y del Equilibrio deseamos ver eclosionar en partículas de Luz Amorosa a los seres queridos que se van de nuestro lado, deseamos ver con nuestros “ojos” ese estallido de luz indicando que hay una transfiguración, un cambio de forma-materia, un viaje, una emigración a otra dimensión-espacio. Y nuestros ojos físicos no consiguen aún verlo, pero nuestra “visión interior” intuye que ello ocurre y es así, que seguimos unidos porque todos somos, en efecto, energía, luz, amor. Como el cambio que sufre una estrella cuando decimos “se apaga una estrella”. La energía, ni se crea ni se destruye, sólo se transforma.

Cada uno de nosotros somos un Sol, un sistema solar con leyes que nos rigen y con leyes que hemos de respetar, una conciencia en expansión continua, un corazón central que late, vibra disponiendo también de las funciones arquetípicas y energéticas de cada uno de los planetas. Mercurio, inteligencia; Venus, amor; la Tierra, nuestra materia y corporeidad; Marte, capacidad de acción; Júpiter, nuestra expansión social y Saturno, nuestro sentido de la responsabilidad y del deber.

Las teorías de la época de Copérnico, y del mismo Copérnico que aún tendría mucho que avanzar, llegarían con el tiempo a ser demostradas por otros astrónomos y astrofísicos que, tocados por el ingenio, inventaron aparatos y formularon ecuaciones afirmando así y confirmando todo lo que hoy sabemos referente al Universo. Sin embargo, ¡cuánto queda aún por descubrir!.

Nosotros también estamos en un momento de cambio, un momento crítico porque para todos los que vislumbramos otra realidad, no es siempre fácil perseverar con Fe y con Coraje, tomando nuevas iniciativas acordes a aquello que en nuestro interior está emergiendo y que difiere de la ideología popular mayoritaria. Supone aceptar cierta soledad y seguir sin vacilar fieles a nosotros mismos, centrados en esa energía interior que nos está abriendo a estas nuevas visiones, la proyección de nueva realidad que estamos construyendo entre todos.

Copérnico fue un revolucionario con sus teorías y a partir de entonces, el proceso no pudo cesar, no había vuelta atrás, se arriesgó, se atrevió y abrió caminos nuevos para que las futuras generaciones pudieran seguir su labor.

Sigamos nosotros valientemente con la mirada puesta en la Ciudad que deseamos alcanzar, el Mundo que estamos construyendo, el Ideal que nos anima y nos nutre, desde nuestro centro de gravedad, desde la fortaleza interior, conscientes de nosotros mismos, conscientes del camino, del aquí y del ahora, de cada pasito que damos, de cada parada para descansar que nos permitimos, de cada nuevo impulso que nos mueve.

1 comentario:

  1. Excelente artículo, María José. Me gusta particularmente cómo describes esa desaparición-fusión de los seres queridos, con tanta poesía y belleza, así como el símil de los seres humanos con el sistema solar. Desde luego, el artículo no tiene desperdicio y logra su objetivo: ayudarnos a mirar las cosas desde otro punto de vista, a construir una realidad más evolucionada. Gracias por compartir tu sabiduría.

    Un beso

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