lunes, 9 de septiembre de 2013

Mi amiga Down


Pasaron ya catorce años, probablemente incluso algo más, desde que conocí a mi amiga Down. Por aquel entonces, todos éramos más jóvenes, y por supuesto ella también. A lo largo de todos estos meses hemos ido creciendo juntas, cada una de nosotras con sus experiencias particulares debido a condiciones y circunstancias del camino de nuestra vida. Mi amistad con ella ha sido desde el principio de corazón a corazón. Por aquel entonces, yo me preguntaba cómo debía y como tenía que ser con ella, de qué hablar, cómo tratarla, qué hacer juntas… Cuántos interrogantes de adulto cuando todo iba a ser tan sencillo con ella. Tan sencillo como permitir a nuestros corazones encontrarse, sin condiciones, sin obligaciones, sin ningún tipo de aprendizaje previo, sin necesidad de leer ningún libro ni de instruirme para “saber” cómo relacionarme con ella.

Este año en agosto mi amiga Down ha contribuido, una vez más, tan sólo estando a mi lado a regenerarme.
Ayer me desperté y recordaba su sonrisa sincera y pura llena de amor y de alegría, sus ojillos vivarachos llenos de chispa, sus caricias con su manita pequeña y gordita, sus juegos, toda esa luz que emana su ser y su cuerpito -por cierto, un poco más grande que el mío, con lo cual sus abrazos son gloriosos y reconfortantes. Recordaba cómo el otro día me dejó dormir la siesta a su lado mientras ella jugaba silenciosamente a mi lado, velando mi sueño. No os vayáis a creer que es chiquitina. Ella “sabe” cuándo estoy cansada, nerviosa, preocupada. Sabe y está a mi lado. Mi amiga Down es un arco iris en mi vida, cada color que irradia cuando estoy con ella o cuando la recuerdo en la distancia tiene la capacidad de sanarme, de relajarme, de recordarme que vivir con sencillez y sinceridad es siempre posible. Ayer me desperté y di gracias a Dios por existir, por la vida, por crearme, por su generosidad. Le di gracias a Dios por amiga Down y a mi amiga Down por su amistad. Sí, desde mi Nodo Sur en Escorpio me anclé con gozo en mi Nodo Norte Tauro y di gracias a Dios por existir, por la vida que me ha regalado porque puedo experimentar la dulzura y la fuerza de mi amiga Down, ser transportada por el canto y el color de las aves, por el perfume de las flores, por la fragancia de la hierba recién mojada o cortada, arrullada por el murmullo del río, purificada por el agua de la lluvia o despertada por las olas que llegan hasta la playa, calentada por los rayos del Sol o refrescada por la brisa de la montaña.
Con su Quirón en Géminis aún está “abierta a las fuentes transpersonales favoreciendo la creatividad y la sanación” (Melanie Reinhart, Quirón).




Mi amiga Down favorece mi reconexión con la Fuente, ella sabe lo que necesito en cada momento, sin palabras que a veces pueden confundir, es una comunicación directa, de alma a alma. Y le doy gracias por existir, por ser el centro en las reuniones que favorece y facilitar la armonía y la alegría en los encuentros. Su misión es magnífica, su misión es sublime, su misión… le doy gracias por su misión entre nosotros.

Si me asomo a su carta astral, a la posición de sus planetas el día que nació, me asombro una vez más por la sincronicidad. Observo a su Sol, Venus, Mercurio y Marte en mi casa IX de tal forma alineados que se relacionan con algunos de mis planetas, por cercanía y por oposición activando a su vez mi casa III. La espina dorsal de mis casa III y IX, el eje Piscis-Virgo queda activado, la Cometa puede volar. Bailan juntos con mi Mercurio, mi Venus, mi Saturno, mi Quirón, mi Urano y mi Plutón. Resuena también su Quirón en Géminis con mi Quirón en la casa III. Pero todos estos aspectos técnicos los observo ahora, tantos años después. Lo importante es mi vivencia de corazones, nuestra comunión de almas. Lo que cuenta es mi agradecimiento a su misión voluntaria de venir con nosotros y acompañarme en mi camino personal. Todo está organizado por la Divina Presencia para ser perfecto, esto es lo que cuenta, que todo es perfecto, que todo tiene un sentido en el Plan Divino.

En nuestras sociedades aún priman valores educacionales que nos orientan hacia lo práctico, hacia los convencionalismos, a vivir en las apariencias, a vivir ocultos detrás de máscaras en nuestros encuentros. Nos ocultamos por diversas razones, para complacer y que nos amen, para manipular debido a complejos de superioridad o de inferioridad, por miedos muy variados. ¿Quién somos? ¿Quién soy?
Mi amiga Down, sencilla y simplemente, “ES”.

Cada alma encarnada en un individuo denominado por la sociedad “Down”, autista o que encaja en una terminología que abarca “lo fuera de lo normal”, todos esos apartados creados para clasificar a una persona según sea su deficiencia o su grado de discapacidad, trae una misión concreta como ser humano al llegar a nuestro bello planeta Tierra. Por supuesto, su misión no será conseguir una brillante carrera, un título pomposo o una fortuna de escándalo para envidia del resto de los mortales. Nada que ver con el poder ni la gloria.
Sabemos que, más allá de la analítica, de la razón, de los conceptos que clasifican, está el alma. Cada alma trae una misión concreta con su entorno familiar y social, y perteneciendo a un grupo de almas con una misión universal, galáctica, dentro del plan divino. Escuchemos y observemos, sintamos con los ojos, los oídos y la piel de nuestros corazones, que despierte nuestra alma dormida de aburrimiento y embotada por el zumbido de nuestros pensamientos grises.
Todo lo que nos tienen que aportar estas almas especiales con las que nos vamos encontrando a lo largo de nuestra vida (y no sólo humanas, tengamos también presentes las almas de nuestras mascotas, ya sean pájaros, perros, conejillos o gatos, por ejemplo) es de una importancia sublime. Sepamos agradecer su servicio y ofrezcámosles también una acogida en el día a día que les facilite su trabajo con nosotros, recibamos sus rayos sanadores; a cambio, a cambio sólo esperan encontrar corazones receptivos. Y a veces, ni eso, porque yo he visto “trabajar” a mi amiga Down cuando a “nuestros ojos” alguien no la quería como se merece, como ser humano, como niña, como mujer, como persona. Y aún así, ella estaba ahí, para el otro, y para que los que miramos y pensamos con normalidad y racionalmente nos asombremos porque, a pesar de todo, sigue ahí, dispuesta a ayudar al otro a evolucionar, a expandir conciencia, a “despertar” su corazón para que siga la guía del alma. Al fin y al cabo mi amiga Down tiene a Quirón en Géminis  y su “mente funciona de una manera intuitiva o asociativa; es lo que se suele llamar una mente “primitiva”, que tiende a ver la totalidad de la imagen más bien que las partes” (Melanie Reinhart, Quirón). Con su sabiduría innata nos enseña y recuerda, apoyada por su Quirón sextil Júpiter, la lección del Amor Incondicional, del Amor que rescata, del Buen Pastor que no sólo se ocupa de las ovejas del rebaño, sino que se desvive por las que se han perdido y quedan a merced de los lobos y los depredadores. Observemos cómo se comportan muchos de ellos sin prejuicios y sin juicios con aquellos a quienes juzgamos y criticamos desde nuestra racionalidad y conocimiento porque nos consideramos “normales” y “lúcidos”.

Permitamos, gracias a su misión, cuestionarnos por qué rechazamos a unos u a otros cuando ellos los acogen con naturalidad y sufren si no se les acepta y trata adecuadamente, cuando menos, con educación y respeto. Porque en realidad, mi amiga Down, mi sabia amiga Down, me ha enseñado todo esto, a integrar todo. Tolerar, porque somos una unidad y en muchas ocasiones proyectamos en otros nuestras propias sombras, nuestros miedos, nuestras expectativas. Mi amiga Down rompe todos los esquemas convencionales para recordarme que sólo importa lo auténtico, lo espontáneo, lo verdadero. Que no podemos acercarnos unos a otros desde una mente llena de ruido y respondiendo desde el trauma, menos aún desde el miedo. Mi amiga Down me recuerda con su entrega que hemos de dedicar tiempo a encontrar en nuestro camino la calma y la serenidad para saber qué está ocurriendo en nuestro interior que ha de ser transformado, transmutado, liberado, sanado. Y todo ello siempre, siempre, desde un encuentro de corazón a corazón, de esencia, entre almas, más allá de la lógica y la racionalidad.
Una vez más, mi amiga Down me recuerda que la sabiduría es locura para algunos, y que la locura es sabiduría para otros. O tal vez “La Sabiduría de Dios es locura para el mundo”. Y la clave para salir de esta prisión absurda es la tolerancia, el amor, la autenticidad, conseguir desarrollar nuestra sublime misión: “ser humano”.

¡Gracias, amiga Down, por acompañarme en mi camino!



3 comentarios:

  1. ¡Qué artículo más hermoso, María José! Describe con emoción y lucidez la suerte que se tiene al encontrarse con estas almas puras y lo mucho que se puede aprender de ellas.

    Mil gracias por compartirlo!!! No dejes de escribir cosas bonitas. Hacen tanta falta...

    Besos

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  2. Doy fe, Mª José; son los seres más maravillosos del planeta. Libres de prejuicios, de palabras hirientes, de sutilezas sin sentido. Y sobre todo, y lo más importante, que al ser tan puros y cristalinos jamás van a proyectar sobre ti sus 'sombras'. Lo más maravilloso de todo es su aceptación incondicional, pase lo que pase y caiga quien caiga. En ese sentido, salvando las distancias por supuesto, están muy cerca de ese amor puro y fiel que te dan los animales. He tenido la suerte de conocer también a tu amiga ;) y por mis circunstancias profesionales también he trabajado con ellos. Son muy, muy especiales...

    Besos.

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  3. Claro que sí, ¡Mar! Ellos son nuestros maestros al enseñarnos también, desde su pureza, a no prestar atención tampoco a esas palabras "complejas" y proyecciones. Ellos están en su "centro" donde todo es luz. También han de superar ciertas dificultades en su interacción con el entorno y compañeros, también experimentan como almitas por este planeta algunas penitas. Ellos siguen su proceso de evolución, son faros que merecen todo nuestro apoyo, comprensión y amor y así nos muestran el camino para seguir su ejemplo de amor incondicional.

    ¡Un abrazo cariñoso!

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