lunes, 12 de diciembre de 2011

Astros y mitología – Osiris, el mito de Plutón en Egipto

Amor y Renacimiento

Las fiestas religiosas que se celebraban en Egipto en honor a Osiris eran muy populares. La principal ciudad dedicada al culto de Osiris fue Abidos. Allí era donde cada año y durante la estación de las inundaciones se sembraban las semillas, que se enterraban bajo tierra.

En un principio, Osiris era un dios sencillo y modesto, gobernaba la fertilidad y el desarrollo del mundo vegetal. Es el ciclo anual de la vegetación que muere y después renace, que plasma la idea de la resurrección, por lo que este dios llegó a ser el dios de los muertos, dios funerario, y de la resurrección a la vida eterna. Osiris era el maestro, el protector y el juez de las almas de los difuntos. Pero permitidme que os cuente cómo llegó hasta ello, cuál fue su proceso, su descenso al inframundo, qué ocurrió y por qué su mito está teñido de la energía de Plutón.

Osiris fue un dios que contribuyó al avance de la civilización. Su reinado fue muy beneficioso para la humanidad, ya que aportó paz y prosperidad. Uno de sus nombres es Unenefer, que significa “ser perfecto”. Enseñó a su pueblo a cultivar la tierra aprovechando las inundaciones del Nilo, les enseñó a segar y a recoger la cosecha para poder alimentarse, puesto que se dice en algunas fuentes que anteriormente el pueblo era salvaje y practicaba el canibalismo. Les enseñó a sembrar la vid y a fabricar el vino y la cerveza cultivando cebada. También les proporcionó leyes de manera que propiciaran el establecimiento de la paz, fomentó la música y les instruyó en el respeto a los dioses.

Osiris recoge, pues, la figura simbólica que corresponde a Plutón como “guerrero pacífico”. Se convierte en un mago por el camino del amor.
La historia del mito de Osiris está marcada por la traición y la muerte, un tema muy vinculado a Plutón, pero también por el amor excepcional de su esposa, Isis, que gracias a su mágico amor le resucita.

En el mito, Osiris (el bien) es víctima de una trama organizada por su hermano Seth (el mal), que sentía envidia de su popularidad. Así, éste asesina a Osiris y le arroja al Nilo encerrado en un cofre. Su esposa Isis –la diosa del misterio y de la sabiduría, a quien por cierto le estaba consagrado el templo de Debod, regalado por Egipto a la ciudad de Madrid- les busca sin cesar, y lo encuentra, y sus conocimientos de magia y su amor consiguen devolverle la vida a su amado. Con esa resurrección se establece el triunfo del bien sobre el mal. Pero Osiris será de nuevo asesinado. Su hermano le vuelve a encontrar y, en esta ocasión, cortará su cadáver en trozos que esparce por el campo. El martirio de Osiris le lleva a alcanzar la soberanía como juez supremo de las leyes de Maât. Su esposa Isis logra reunir los pedazos y unirlos, todos excepto el falo, que ha sido comido por un pez del Nilo. Pide ayuda a Anubis para que le embalsame y momifique. Isis requiere también la ayuda de su hermana Nephthys, de Thot –dios de la sabiduría, asociado al ave Ibis–, y de Horus, y así devolverá el soplo de la vida a Osiris mediante fórmulas mágicas. Isis se convierte en milano y con el batir de sus alas le insufla la vida. Esta es la primera práctica de un rito de embalsamamiento que devuelve la vida eterna. Isis reconstituirá el falo de su esposo para hacerse fecundar y concebir un hijo. Cuando Osiris resucita, decide retirarse al reino celestial de los campos de Yaru o“Campos de Juncos”, llamados posteriormente por los griegos “Campos Eliseos”,cediendo así su reinado a su hijo Horus.

Según las creencias egipcias, el hombre tenía un cuerpo físico y dos elementos espirituales: el Ba, un concepto semejante al alma, y el Ka, una especie de doble cuerpo. Con la muerte se producía una separación de los elementos espirituales y del elemento corporal, ya que el Ka no podía sobrevivir sin el cuerpo físico. De ahí el desarrollo de las técnicas de embalsamamiento mediante las que se preparaba al difunto para entrar en el Duat, el reino de los muertos.

Osiris decidía, tras el informe presentado en el juicio, si el Ka y el Ba podían encontrarse con la momia conformando el Aj y vivir así eternamente, pudiendo el difunto entonces elegir si se quedaba junto a Osiris o si volvía a la tierra. O si el Ib era arrojado a Ammit, con lo cual sobrevenía la segunda muerte, que suponía para el difunto el final de su condición de inmortal. El término Ib equivale al corazón. Representaba la conciencia y la moralidad, Anubis lo extraía de forma mágica para depositarlo en uno de los platillos de la balanza junto con la pluma de Maat, símbolo de la verdad y de la justicia universal, colocada en el otro platillo.

En Egipto se oraba a Osiris para suplicarle su bendición y entrar en el Más Allá, su reino.

Isis, por su parte, es el perfecto símbolo de la diosa madre. Está simbolizada también por la estrella de Sirio. También existe una leyenda acerca de Isis y sus siete escorpiones. En las cartas del Tarot se la asocia a la sacerdotisa o papisa.

Osiris está representado por una figura humana inmóvil, antropomórfica, al contrario que otras grandes divinidades representadas por animales o mezcla de animal-hombre. Aparece unas veces sentado, otras de pie y otras tumbado. Lleva una corona, viste una túnica blanca ajustada de la cual emergen sólo la cara y los brazos. El color de su piel es verde como símbolo de la vegetación que renace, resurrección, o negra, color de una momia o el color del fértil barro del Nilo, el limo, la muerte y la nueva vida. En sus brazos cruzados sobre el pecho aparecen símbolos de la soberanía: el cetro del rey, el látigo del juez y el bastón o cayado, de la larga vida.

El reinado de Osiris duró 28 años. Este número lo podemos asociar a un ciclo de Saturno, ya que el primer retorno del planeta ocurre hacia los 28 años, así como al ciclo lunar, cuya duración es de 28 días.

He sentido una sintonía respecto al mito de Osiris y la imagen de Plutón-Hades primeramente porque ambos son los “señores del submundo, del mundo de los muertos”, ambos se encargan, junto con un juzgado, de dictaminar la sentencia para el alma, y ésta ha de acatar la sentencia y cumplirla.
En el mito de Osiris aparecen elementos plutonianos en abundancia. La traición por envidia: Osiris es asesinado por su propio hermano, y además por dos veces, ya que para éste es una obsesión eliminarle y asumir tanto el poder como el reinado.
Osiris resucita dos veces, desafiando a la muerte de la forma, gracias a la diligencia y al amor de su esposa Isis. Más allá de la leyenda, cuando tratamos con energías de Plutón, nos encontramos con la muerte, que inexorable y radicalmente separa y nos hace cambiar de estado. Nos invita a iniciar una nueva etapa en nuestra vida y descubrir nuevos caminos. Constituyen una nueva etapa, por ejemplo, el matrimonio, el nacimiento de un hijo, irse a vivir a otro país, etc. Algo queda atrás, a veces para siempre. Psicológicamente ocurre lo mismo, queremos hacer un cambio, y ese cambio ha de ser radical, dejar atrás patrones de conducta, hábitos de pensamiento y de vida emocional, aprender nuevas técnicas. Cuando Plutón ejerce su “poder”, es decir, cuando se hace patente su influencia en nuestra vida, estas transformaciones son inevitables, no para sufrir, sino para renacer a una nueva vida, para descubrir un nuevo mundo y nuevas posibilidades. Los astrólogos estamos familiarizados con ello por las progresiones y los tránsitos de Plutón. Mirando atrás, lo hemos podido constatar, y, por supuesto, estudiando las cartas y las vidas de nuestros clientes, amigos y familiares.
El ritual descrito en el Libro de los Muertos se parece mucho a lo que ocurre según el mito de Hades. En ambos hay un barquero, es necesario cruzar la orilla (todo ello simbólico),“cruzar al otro lado”, hay un cambio de estado. No he querido entrar en tanto detalle y realizar un estudio más amplio porque sería muy extenso, por la rica simbología implícita que resulta realmente apasionante. Además, en estos momentos no deseaba analizar y entrar en esa segunda parte tan detallada respecto a la ceremonia del fallecido y su entrada en el mundo subterráneo en ambos mitos, ni en la descripción del infierno, el Tártaro, etc.
Por supuesto, Hades “el invisible”, desde un punto de vista mitológico no está caracterizado precisamente por la bondad de Osiris. De hecho, para nombrar a Hades, a quien se temía, se utilizaba el apelativo de Plutón (“opulencia”), siendo por ello que aparece representado en muchas figuras portando “el cuerno de la abundancia”. Pero curiosamente Osiris trae a su pueblo riqueza al introducirles en los conocimientos de la agricultura, aporta muchísimas cosas nuevas a sus súbditos, es un servidor del pueblo ocupado en proporcionarles mayor bienestar. Un político perfecto. Plutón es un símbolo de la nueva vida que nos espera si soltamos todo aquello que ya no nos sirve en el momento en que somos llamados e invitados al cambio y a la transformación. Aunque nos cuesta, y precisamente Plutón, como energía planetaria, cuando nos influye es lo que hace: destruir una forma y construir otra, no sólo el cuerpo físico.
El haberme encontrado de nuevo en estos momentos con Osiris, una de esas sincronicidades de la vida, me anima a hacer hincapié en otros dos de los temas plutonianos por excelencia: la muerte y la resurrección. La muerte y el renacimiento. Y también destaco la presencia de Isis, que con su amor participa y colabora activamente en estos procesos de transformación y renacimiento. Plutón, como energía, necesita precisamente esta energía representada por Isis, el amor incondicional de Isis, que para mí se aproxima mucho a la simbología de Neptuno.

1 comentario:

  1. El templo de Debod es un regalo de Egipto al pueblo español por su aportación económica al programa de la Unesco, para salvar los templos que hubiesen quedado inundados en la construcción de la presa de Assuan.
    Importante el matiz de pertenencia local a lo nacional.

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