lunes, 12 de diciembre de 2011

Tomando conciencia del presente y de lo que me rodea

En el camino

¿Adónde voy? ¿Cuál es mi meta?

Acerca de las experiencias en Virgo, la vida de todos los días, cuando la sorpresa, Urano, presente en todo lo que nos rodea para despertar nuestra admiración por las maravillas de la Creación, con la cual estamos íntimamente vinculados, sin darnos cuenta en muchas ocasiones. Cuando nos vemos inmersos en estos encuentros casi místicos, Piscis, algo se transforma dentro, Plutón, y llena de fuerza, de vigor, de alegría a nuestro Sol, nuestro corazón. El fuego se mantiene vivo interiormente, y gracias a esta chispa todo queda iluminado, y gracias a esta chispa el espíritu se eleva. La gratitud facilita la realización de la misión, Medio Cielo.


Vamos por el camino tan obcecados y apresurados por llegar a la meta, alcanzar unos objetivos y llegar a destino concreto que nos perdemos en la ruta todo lo que la Vida nos ofrece mientras tanto. Sólo vemos más allá, como los caballos cuando les ponen orejeras, ni a izquierda ni a derecha parece haber algo que pueda aportarnos algo interesante, desperdiciamos señales sin llegar a interesarnos lo más mínimo. En nuestro empeño por llegar a un punto concreto más allá en la distancia, pasamos de lado junto a senderos que nos invitan a descubrir sorpresas que saciarán nuestro espíritu. En nuestro empeño podemos perdernos pequeños regalos que colmarán de alegría nuestra vida cotidiana. Ahogamos nuestra sensibilidad y acallamos sus necesidades con un espíritu práctico y racional en exceso. Y cuando llegamos y alcanzamos al fin la meta anhelada, nos quedamos intranquilos e insatisfechos, ansiosos por buscarnos otro reto, otro desafío, para seguir y seguir medio confusos y perdidos por la vida intentando alcanzar el infinito.
Y el infinito resulta que está en mí, en los detalles de mi vida, en la rutina, en la vida cotidiana, en el día a día, en todo lo que me rodea.

Ayer iba de camino a realizar algo tan prosaico como es hacer la compra –y tan necesario por otra parte, sin muchas ganas, por cierto. Pero en el camino me encontré una linda mariposa que me llamó la atención. No es habitual ver muchas mariposas un 5 de diciembre en esta ciudad, la verdad, lo que se dice mariposas, no es que haya muchas a estas alturas del año. Era una mariposa, grande, marrón, blanca y negra, se posaba y batía sus alitas, como si fuera un ritmo, una canción concreta, palabras silenciosas o en otro idioma, cambiaba de sitio, se posaba de nuevo y volvía a batir las alas, toda una danza. Me sentía saludada y la saludé dándole las gracias. Y así, varias veces, pensé que se alejaría, pero se quedó en el espacio donde me quedé parada admirando su presencia y sus colores. Se paraba y abría sus alas del todo, como si quisiera empaparse del sol y de la luz del cielo. Esa fue su invitación del momento, abrazar la luz y el sol de un día de diciembre en esta ciudad de Madrid. A pesar de la contaminación, del ruido, de que somos muchos, a pesar de las dificultades de vivir en esta gran ciudad, la Belleza se manifiesta a cada instante en nuestras vidas aportándonos armonía y, sobre todo, alegría en el corazón. Eso es lo que me transmiten los árboles en esta época con tantos colores, esa es su aportación terapéutica durante el otoño, observad los que ahora son casi amarillos con las hojas que les quedan; son como soles que nos saludan según paseamos por las asfaltadas calles de la ciudad.

Por experiencia puedo decir que cuando el corazón, la mente, todo el ser agradece la visita y la amistad que nos ofrece la Naturaleza a cada instante, sólo espera de nuestra parte receptividad, nos sorprende con nuevas vivencias a través de las cuales la Vida derrama más Amor aún en nuestro ser, abre el corazón, se expande la mente, todo el ser se siente poroso a recibir y a dar cariño y ternura que fortalecen todo el ser, lo renuevan.

Pequeños detalles de nuestra vida cotidiana que nos reconectan con algo mucho más Grande, que nos aportan amor y confianza, y, sobre todo, el gozo de disfrutar de tanto color como nos rodea a cada paso en el camino.

El camino es importante, no sólo llegar a la meta. No lo olvidemos. El corazón, Sol, también necesita ser nutrido, y a cambio está dispuesto a compartir la magia que contiene, regocijo. Contemplar. Admirar, dejarnos sorprender. Agradecer.

Es tiempo de Sagitario, Sol en Sagitario, nos invita a comprender, visualizar, aprender. Para ello he de estar consciente, Sol, he de estar presente.

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