martes, 13 de diciembre de 2011

El ministerio del miedo

Vamos a sumergirnos en el mundo de Escorpio utilizando como puerta de entrada esta película de cine negro protagonizada por Ray Milland y Marjorie Reynolds, entre otros actores de gran talento, sea mayor o menor su protagonismo y aparición a lo largo del desarrollo de la historia. Una película dirigida por Fritz Lang.

El mismo género ya está dentro del dominio de Escorpio. A los pocos minutos de estar viendo la película, uno queda envuelto en el misterio, el suspense se respira, se siente, nos envuelve. Aparece enseguida el primer paisaje que contiene elementos del signo: noche, brumas, terreno pantanoso, ruinas, el Metro. Y cito elementos que aparecen y son propios de este signo: asuntos relacionados con la muerte, detectives, espionaje, grupos extremistas, explosivos, ocultismo, policía, eutanasia, psiquiatra. Según se desenvuelve la historia van surgiendo en los diálogos y en la pantalla elementos relacionados con Escorpio: armas de fuego, veneno, navajas, tijeras, sesión de espiritismo.

Pero no todo es “oscuro”, ni muchísimo menos. Al contrario, muy al contrario. Es una búsqueda constante para que se manifieste la verdad, la luz y el amor. Es una película que denuncia la “locura” de un mundo en plena guerra mundial. Ante todo es antibelicista y antinazi, no en el aspecto puro y duro, pues toda la historia queda enmarcada por el romanticismo y los grandes ideales -como no siendo su director Fritz Lang-, y sin que falte incluso una nota de humor. La última secuencia de la película nos deja con una sonrisa en los labios que ya nace además de una mente que ha sido elevada por el arte a sensaciones de bienestar: el personaje principal ama la vida, siente pasión por la vida. Así empieza su historia, manifestando este deseo de vivir y de interactuar con otras personas, "pasearse mezclándose y sintiéndose rodeado de gente", y está completamente motivado a vivir su vida con intensidad después de un tiempo en el que se ha visto atrapado por el aburrimiento y la rutina. Con mucha paciencia ha estado esperando recuperar su libertad física y salir de nuevo al mundo y al encuentro con los demás.

El protagonista fue encerrado en un manicomio tras el fallecimiento de su mujer, posteriormente nos cuenta cómo y qué hechos concretos le llevaron a sufrir ese castigo o prisión. Él no la asesinó físicamente, pero sí en su imaginación, y de hecho la ayudó, indirectamente, a morir para que no siguiera sufriendo una larga enfermedad degenerativa y crónica. Cuando sale del hospital psiquiátrico se encuentra un mundo que también se asemeja a otro manicomio: la guerra mundial, hombres contra hombres, mentiras, engaños, trampas, complots. Y él se ve implicado en la trama, acechado, involucrado en situaciones límite. Perseguido, y con unos antecedentes criminales a la espalda, deberá librar su propia batalla, mantenerse con vida y demostrar que ni es un asesino ni está loco. Todo un proceso de regeneración, de renacer.

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